Hay de cosas, que no se dicen de boca,
Ni se miran de ojos, ni se toman con firmeza,
Hay de abrazos que se anhelan más que tiempo,
Y razones que enmudecen como un puñado de tristeza.
Miré yo, tu cara dormida
El rio oscuro cayendo, rozando tu frente;
Quieta y muda conocí lo pálido de la muerte,
Lánguida boca, de habla pasiva.
Como un árbol mecido, con ramas largas,
Tu temple y tu silencio me tomaron,
De pálidos latidos quede envuelta,
Y tenues respiros me colmaron.
Hoy no hablo, no oigo, no pienso,
Hoy brilla mi sangre y late mi cielo,
Y me quedo en el núcleo,
el centro del bosque,
Entre esa mustia bruma,
y ese todo silencioso..
Ni se miran de ojos, ni se toman con firmeza,
Hay de abrazos que se anhelan más que tiempo,
Y razones que enmudecen como un puñado de tristeza.
Miré yo, tu cara dormida
El rio oscuro cayendo, rozando tu frente;
Quieta y muda conocí lo pálido de la muerte,
Lánguida boca, de habla pasiva.
Como un árbol mecido, con ramas largas,
Tu temple y tu silencio me tomaron,
De pálidos latidos quede envuelta,
Y tenues respiros me colmaron.
Hoy no hablo, no oigo, no pienso,
Hoy brilla mi sangre y late mi cielo,
Y me quedo en el núcleo,
el centro del bosque,
Entre esa mustia bruma,
y ese todo silencioso..