Como discretos y tenues vientos nos cruzamos,
Desde distintos puntos cardinales nos movimos,
Callados, desiguales, antagonistas;
De palabras callamos, sembramos y dolimos.
Parados en una esquina de brumoso bosque
Te mire!, y vinieron a mí, las preguntas;
Contesté, al gran árbol, húmedo y frio
Tengo manos suaves, tengo mirada profunda,
Tengo tiempos encallados, distancias, insomnios y olvidos;
Tengo un alma atormentada y muchas cicatrices de antepasados
Vuelo ahora como águila, aun entristecida, un poco cansada.
Me quede detenida por tiempo inaceptable,
Callé a las mil preguntas, escuchaba mi propia voz;
Desnuda, dolida, sin armas, sin brazos;
Mire como una niña de ojos llorosos y cabello oscuro,
Como aquella niña de cabello corto y labios pequeños
Me inmovilizó sus palabras, sus cantos, sus ramas mecidas;
Me callo sus hojas caídas sus frutos rosados, la fuerza, el coraje.
No somos, niña y árbol
No somos ni árbol grande, ni niña asustada
Somos sólo almas cruzadas en una gran cruza de almas!
Almas locas, almas vividas, almas confundidas;
Tenemos la misma raíz, no tenemos el mismo tiempo.
Tiempo muerto, tiempo pausado;
Los pasos continúan, las flores se secan
Una gran secoya que entumece y crece y crece!
Pero hay dos grandes ojos que no miran, sin pestañeo
Hay dos grandes ojos callados,
y un par de pies blancos corriendo.

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